Objeto de deseo.
- Edwin CQ
- 22 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 22 dic 2025
He vuelto de la muerte.
O al menos eso dicen.
Aún no sé exactamente qué significa eso: si me lo dicen con propósito o solo porque suena armonioso, esperanzador.
¿Será acaso
mirar a los ojos al rival?
¿pensar en lanzarme y decidir no hacerlo?
¿abandonarme a mí mismo para después rescatarme?
¿autoexiliarme por dos años y luego volver?
¿perderlo todo para después recuperarlo?
Sea como sea, he decidido volver a las andadas creacionistas y continuar nutriendo lo que fue mi reservorio de vṛttis, a semejanza del pensadero de Dumbledore.
Han pasado varias cosas. Hay avances.
Y, a veces al avanzar, me da miedo volver a traicionarme.
Ir pa delante como el hotelero TODOPODEROSO que terminó traicionando a su familia O ir hacia delante sin mirar hacia atrás como la anciana que terminó perdida, viviendo realmente en ese, ese atrás.
O en esas amistades que terminaron tan consumidas por su propio avance que acabaron convertidas en objetos de deseo-objetos de consumo.
Supongo que no queda otra más que avanzar sin miedo.
¿Por qué tendría miedo alguien que ya lo ha perdido todo?
He vuelto a las vistas, pero he dejado de tener miedo a las alturas.
Al menos por ahora.
Tengo miedo de la muerte.
Pero el Rival y yo ahora somos amigos.
He dejado de tener miedo a quedarme solo. He empezado, en cambio a extrañar, La soledad ha dejado de ser lacerante y apabullante, simplemente se ha acomodado como un vacío que hay que poseer, con orgullo.
He dejado de tener miedo al alcohol, a la botella. No tiene nada que no sea mío.
También he dejado de creer. No me sorprende: durante un tiempo dejé de creer en mí y, después de mi traición, aún me descubro muchas veces desconfiando de mí mismo. Supongo que, poco a poco, esa desconfianza cicatrizará y volveré a confiar.
Pero he autoexiliado para siempre a los mitos, los dioses, y los amos. Ahí se quedaron el país de los yucatecos, país de las glorietas eternas.
A veces me gusta jugar a que me posean, me controlen y me usen, no sin olvidar que ellos, al final, son míos.
Mis batallas diarias son acérrimas. Se han vuelto guerras duras contra mi cuerpo, que, atrofiado, resiente los excesos, las carencias y los vacíos —que al final son lo mismo— y, en una lucha pujante, me empuja a buscar lo que sigue.
¿Y qué sigue?
A veces me gustaría poder responder esa pregunta.
A veces me gustaría ser esclavo del consumo, como mis antiguas amistades, como casi todos los queretanos.
A veces me gustaría que la respuesta fuera fácil y sencilla, como: seguir viviendo.
Pero yo soy lo que quedó de la guerra con el Rival y me he vuelto —contrario al mito— agradecido.
No con los dioses del mito, no con el Otro, sino conmigo.
Agradecido de estar aquí; de haber sostenido a Pelusa en mis brazos durante su muerte, de haber salido del país de las eternas glorietas; de tener la capacidad de amar con todo mi ser a R y ser correspondido; de estar estudiando; de tener cinco cuyas intranquilas; de poder volver a abrazar a mis padres; de poder embriagarme semanalmente; de poder escribir, de pensar y de tener el deseo de recuperar el poder que me fue arrebatado.
Voy por todo, esta vez, sin traicionarme-te.
Querétaro, Querétaro, 22 de diciembre del 2025.

Vidas separadas. ¿Y a la vez juntas? Como la vida y la muerte




Comentarios