Treinta.
- Edwin CQ
- 2 jul
- 2 min de lectura
Hoy, te sentí una vez más.
Igual de indiferente, frío, impasible.
Sentí tu abrazo lacerante, tu caída profunda.
No pensé iniciar mi cumpleaños contigo.
Pero ahora entiendo que todo inicia y termina en nosotros.
Hace tiempo te tenía miedo.
Irme a dormir era una caída libre, eterna, profunda.
Cuando sabes que el mundo sigue ahí, pero no hay nada que te sostenga.
Hoy me dejo caer, y a veces, en esa caída, encuentro cosas.
Cosas que preferiría no encontrar, pero vaya…
Tú eres así. Nosotros somos así. La vida es así.
Y en esa caída entiendo que yo mismo me sostengo.
Y descubro que esas mismas cosas son las que terminan por sostenerme.
Así seguimos andando: rotos, pero seguros.
Seguros de encontrar, cada día, un nuevo amanecer, una nueva oportunidad, una nueva alegría, una nueva razón para estar vivo.
Y en este viaje de alejarnos de la tierra gris,
hemos ido al infierno de las glorietas eternas.
Y, en medio de ese ciclo interminable, hemos decidido regresar.
Hoy se cumple también un año de retornar.
Al nido. A la infancia.
Aquí, enraizado, disfrazado en capas, habita una parte de mí:
el niño que jamás te tuvo miedo.
A veces lo encuentro. A veces lo desconozco. A veces lo extraño.
Como cuando te encuentro a ti.
Como un fantasma que sale del espejo para habitar, enlazado a mí.
A veces me gusta rebelarme, como si fuera dueño de mi destino,
como si pudiera evitarte y encerrarte otra vez en el espejo.
Pero ya eres parte de mí.
Y aunque todavía me aterras,
te abrazo.
Y hoy decidimos brindar, juntos en la misma copa.
Decidimos avanzar, de la mano.
Las paces hechas.
Los dados lanzados.
Vamos.
Querétaro, Querétaro, 02 de Julio del 2026.





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